Conversando con Giovanni Papini. (*) La página en blanco de Word, me observaba aburrida de tanto esperar que yo ingresara la primera palabra para dar inicio a un nuevo cuento. Llevaba un tiempo largo sentado frente a ella, mi habano ya iba por la mitad, y ni siquiera mi segundo vaso de vino lograba despertar la musa. Con éste son varios los días en que mi gastado cerebro no lograba encontrar las palabras para iniciar a escribir, las ideas no venían, mi mente estaba vacía. Recuerdo lo que me decía, mi amigo, Sandro cuando se refería a mis ideas: “Son pocas pero confusas”… ¡Alguien estaba golpeando la puerta! ¿Quién vendría a estorbar a estas horas de la noche? De mal humor me levante y deje sola la estúpida hoja en blanco. Al abrir la puerta me encuentre frente a un hombre alto, grueso, cabeza con largo pelo negro movido, frente alta ojos profundos, escondidos detrás de unos grueso y redondos lentes, de mirada fija y escrutadora, expresión severa y dura, del que no teme ...
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